Comentarios sobre literatura, pensamiento, realidad, cultura y cuanta cosa me encuentre por ahí y se me ocurra interesante compartir. Por Rodrigo Alonso V.D.
sábado, 20 de noviembre de 2010
Pobrecitos los nicas
Pobrecitos los nicas. ¡Pobrecillos, ah!, tan tontos, tan ignorantes, que dejan que su gobierno se los cuentee. Pobrecitos de verdad.
¡Qué dicha que soy tico! Que ando con mi bandera para que no haya confusiones y todos sepan que soy de acá, verdaderamente de acá y no de allá. Aunque no hace falta demasiado aclararlo porque de viaje se nota, puesto que no soy tan cholillo. Pero igual, quiero que el mundo reconozca que soy tico, pacífico, y no como esa manada de salvajes, violentos, que solo guerra comen porque con guerras los alimentaron, dejándolos desnutridos de civilización, raciocinio, pacifismo y legalidad.
Pero no. Más bien, pobrecitos nosotros los ticos, que los tenemos de vecinos y que, mucho antes de la invasión, hemos tenido que soportar su acento tan polo y su presencia en las clínicas, donde nos quitan campo para las citas, atrasándolas años enteros, cuando antes la Caja funcionaba tan bien. Para colmo nos roban empleos, porque los muertos de hambre no exigen salario mínimo ni que los aseguren, ¡claro!, a caballo regalado no se le mira comillo; bastantes bretes que les hemos cedido. En cambio, en agradecimiento, vienen a hacer daño, porque solo eso saben hacer.
Pobrecitos nosotros, que tenemos que verlos con Imperial en mano y con camiseta de la sele porque ni equipo de fútbol tienen. Pobrecitos nosotros, que tenemos que capearnos sus ventas ambulantes en pleno San José, que tenemos que darles monedas por echarle un ojo al carro que nunca tendrán, por lavarnos la ropa y aguantar que nos roben las colonias que compramos en Panamá, y que le den gallo pinto con frijoles rojos y nacatamales a nuestros hijos.
Pobrecitos y dichosos nosotros también, que no estamos como ellos, huyendo del país por no amarrarse los pantalones y echar a esos políticos corruptos, que desfilan en camiones de guerra, custodiados por feroces soldados armados y tan brutos como los que salen de la casa a recibirlos.
Dichosos nosotros que podemos hablar libremente, y que respetamos la naturaleza y no hacemos destrozos como están haciendo ellos en nuestra isla; que sí sabemos leer un mapa y ubicar qué es de quién.
Dichosos nosotros que somos pacifistas, sin ejército, porque nunca lo hemos necesitado, hasta ahora, que estamos dispuestos a irnos a la guerra y morir por la patria, porque así lo canta el himno; pero conste que vamos porque nos da la gana, no porque alguien nos obliga. Y no porque estemos sedientos de la sangre de nuestros hermanos, sino que esos otros no son ni de lejos hermanos nuestros: son nicas. Pero qué tirada con tanta pendejada del gobierno, que no nos deja defendernos como se merece nuestro territorio.
Pobrecitos los que queremos ir a volar bala, aunque nunca hayamos oído silbar una ni de lejos. Pobrecitos, porque nos dicen que vamos a salir corriendo a la primera detonación y que los que van a terminar agarrándose con esa vara con los pacos. Pobrecitos nosotros entonces, con esa vergüenza de policía que no sirve para nada, vagos panzones que no quieren ser héroes.
Pobrecillos, que no tenemos alguien de mano dura que ponga a ese montón de chancletudos universitarios a que sirvan para algo y vayan a defender al país que tanto bloquean con sus marchas. Son dos toques y les pedimos a los chinos que nos provean de armas de última tecnología y nos entrenen en artes marciales para hacer papillas a esa sarta de nicas. Ahí están también ese montón de presos, saturando cárceles; si tan matones son, que vayan y le devuelvan al país lo que no le han sabido dar. O mejor: mandemos a todos los nicas ilegales a que se agarren entre ellos, para ver si acaso nos retribuyen algo de todo lo que se roban. Pero, claro, a como son de tramposos nos devuelven los tiros y ahí sí nos cogió la trampa. Por eso hay que devolverlos a todos, ilegales o no, porque, de por sí, siempre han pintado raro, y apenas Ortega diga, empiezan a matarnos desde adentro.
Pobrecitos los ticos que tenemos que comer frijoles y maíz nicas, y por eso no bloquean las importaciones, porque dependemos de los nicas para comer y para hacer el brete que ya nadie hace. Pobrecitos nosotros. ¿Por qué el mundo no ve que somos los pobrecitos? Y no somos pobrecitos por esta reciente invasión, somos pobrecitos porque llevamos años de estar invadidos de nicas y nada hacemos. ¿Pobrecitos ellos? ¡Pobrecitos nosotros! ¡Salados ellos!
Pobrecitos los que se vieron reflejados en las patrañas anteriormente escritas. Pobrecitos aquellos que creyeron que el autor de esto lo decía en serio. Pobrecitos los que piensan que el antónimo de “tico” es “nica”, y viceversa. Pobrecitos, enceguecidos y ensordecidos por patrioterismos, sea cual sea el bando. Pobres los que se confunden y se dejan confundir.
Dichosos, no los “valientes”, sino, los sabios y prudentes.
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