Comentarios sobre literatura, pensamiento, realidad, cultura y cuanta cosa me encuentre por ahí y se me ocurra interesante compartir. Por Rodrigo Alonso V.D.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
2010 en libros
No teniendo qué decir y no queriendo despedir el año sin haber puesto una entrada nueva, ayer, mientras revolcaba mis libros en busca no recuerdo de qué, me puse a reflexionar cuáles habían sido las lecturas más importantes de este año para mí. No suelo hacerlo, pero me entregué a realizar un conteo de los libros que empecé y terminé este año y conté poco más de 24, no demasiados, pero no pocos, sobre todo si se toma en cuenta la sarta de lecturas que tuve que realizar en la primera mitad del año. Pero más allá de la cantidad, me doy por satisfecho de la calidad de textos que descubri y redescubrí, las cuales me enriquecieron montones. Comparto, pues, los títulos de los libros leídos por puro placer, esto es, porque me dio la gana, porque los vi, me llamaron la atención, los compré, me los regalaron (pero opté voluntariamente por leerlos) y me metí en su mundo. Algunos me generaron más satisfacciones e inquietudes internas que otros, pero creo que todos tienen su mérito.
Acá van, a la espera de que algún título les inspire, y si les llama la atención, con gusto se los negaré... Así es, porque soy reacio a prestar libros (pero los invito a mi casa y con gusto los pueden leer ahí todo el rato que quieran).
-Rojo y negro (Stendhal).
-Los siete locos. Los lanzallamas (Roberto Arlt).
-La muerte de Artemio Cruz (Carlos Fuentes).
-El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Primera parte (Miguel de Cervantes).
-La sonata a Kreutzer (Lev Tolstoi).
-El aleph (Jorge Luis Borges).
-Ficciones (Jorge Luis Borges).
-Ensayos (José Marín Cañas).
-Robinson Crusoe (Daniel Defoe).
-Cuentos rusos.
-La peste (Albert Camus).
-El mito de Sísifo (Albert Camus).
-El arte de la novela (Milan Kundera).
-Biografías de hombres ilustres (Alí Víquez).
-Las olas (Virginia Woolf).
-Un artista del hambre y otros cuentos (Franz Kafka).
-Bola de sebo y otros cuentos (Guy de Maupassaunt).
-Adán Buenosayres (Leopoldo Marechal).
-Mi amigo Maigret (George Simenon).
-El maestro de esgrima (Arturo Pérez-Reverte).
-El vuelo de la reina (Tomás Eloy Martínez).
-Las noches blancas (Fiodor Dostoievsky).
-Vamos para Panamá (Rodolfo Arias).
-Mamita Yunai (Carlos Luis Fallas).
-Peter Pan y Wendy (James Barrie).
-Los versos satánicos (Salman Rushdie).
Esos son. No están en orden alfabético ni nada, sino en orden memorístico. Si alguno les es llamativo, con gusto compartiré mi opinión sobre él, bajo el riesgo de condicionar su libre deseo de acercarse a tal o cual texto. Pero es probable que más bien los motive, puesto que, como dije, muchos me fueron gratísimos.
Felices fiestas de fin de año. Mis mejores deseos para el 2011. Y a seguir leyendo, creciendo, aprendiendo y evolucionando. Gracias por compartir parte de mi camino y dejarme compartir parte del suyo.
Rodrigo Alonso
sábado, 20 de noviembre de 2010
Pobrecitos los nicas
Pobrecitos los nicas. ¡Pobrecillos, ah!, tan tontos, tan ignorantes, que dejan que su gobierno se los cuentee. Pobrecitos de verdad.
¡Qué dicha que soy tico! Que ando con mi bandera para que no haya confusiones y todos sepan que soy de acá, verdaderamente de acá y no de allá. Aunque no hace falta demasiado aclararlo porque de viaje se nota, puesto que no soy tan cholillo. Pero igual, quiero que el mundo reconozca que soy tico, pacífico, y no como esa manada de salvajes, violentos, que solo guerra comen porque con guerras los alimentaron, dejándolos desnutridos de civilización, raciocinio, pacifismo y legalidad.
Pero no. Más bien, pobrecitos nosotros los ticos, que los tenemos de vecinos y que, mucho antes de la invasión, hemos tenido que soportar su acento tan polo y su presencia en las clínicas, donde nos quitan campo para las citas, atrasándolas años enteros, cuando antes la Caja funcionaba tan bien. Para colmo nos roban empleos, porque los muertos de hambre no exigen salario mínimo ni que los aseguren, ¡claro!, a caballo regalado no se le mira comillo; bastantes bretes que les hemos cedido. En cambio, en agradecimiento, vienen a hacer daño, porque solo eso saben hacer.
Pobrecitos nosotros, que tenemos que verlos con Imperial en mano y con camiseta de la sele porque ni equipo de fútbol tienen. Pobrecitos nosotros, que tenemos que capearnos sus ventas ambulantes en pleno San José, que tenemos que darles monedas por echarle un ojo al carro que nunca tendrán, por lavarnos la ropa y aguantar que nos roben las colonias que compramos en Panamá, y que le den gallo pinto con frijoles rojos y nacatamales a nuestros hijos.
Pobrecitos y dichosos nosotros también, que no estamos como ellos, huyendo del país por no amarrarse los pantalones y echar a esos políticos corruptos, que desfilan en camiones de guerra, custodiados por feroces soldados armados y tan brutos como los que salen de la casa a recibirlos.
Dichosos nosotros que podemos hablar libremente, y que respetamos la naturaleza y no hacemos destrozos como están haciendo ellos en nuestra isla; que sí sabemos leer un mapa y ubicar qué es de quién.
Dichosos nosotros que somos pacifistas, sin ejército, porque nunca lo hemos necesitado, hasta ahora, que estamos dispuestos a irnos a la guerra y morir por la patria, porque así lo canta el himno; pero conste que vamos porque nos da la gana, no porque alguien nos obliga. Y no porque estemos sedientos de la sangre de nuestros hermanos, sino que esos otros no son ni de lejos hermanos nuestros: son nicas. Pero qué tirada con tanta pendejada del gobierno, que no nos deja defendernos como se merece nuestro territorio.
Pobrecitos los que queremos ir a volar bala, aunque nunca hayamos oído silbar una ni de lejos. Pobrecitos, porque nos dicen que vamos a salir corriendo a la primera detonación y que los que van a terminar agarrándose con esa vara con los pacos. Pobrecitos nosotros entonces, con esa vergüenza de policía que no sirve para nada, vagos panzones que no quieren ser héroes.
Pobrecillos, que no tenemos alguien de mano dura que ponga a ese montón de chancletudos universitarios a que sirvan para algo y vayan a defender al país que tanto bloquean con sus marchas. Son dos toques y les pedimos a los chinos que nos provean de armas de última tecnología y nos entrenen en artes marciales para hacer papillas a esa sarta de nicas. Ahí están también ese montón de presos, saturando cárceles; si tan matones son, que vayan y le devuelvan al país lo que no le han sabido dar. O mejor: mandemos a todos los nicas ilegales a que se agarren entre ellos, para ver si acaso nos retribuyen algo de todo lo que se roban. Pero, claro, a como son de tramposos nos devuelven los tiros y ahí sí nos cogió la trampa. Por eso hay que devolverlos a todos, ilegales o no, porque, de por sí, siempre han pintado raro, y apenas Ortega diga, empiezan a matarnos desde adentro.
Pobrecitos los ticos que tenemos que comer frijoles y maíz nicas, y por eso no bloquean las importaciones, porque dependemos de los nicas para comer y para hacer el brete que ya nadie hace. Pobrecitos nosotros. ¿Por qué el mundo no ve que somos los pobrecitos? Y no somos pobrecitos por esta reciente invasión, somos pobrecitos porque llevamos años de estar invadidos de nicas y nada hacemos. ¿Pobrecitos ellos? ¡Pobrecitos nosotros! ¡Salados ellos!
Pobrecitos los que se vieron reflejados en las patrañas anteriormente escritas. Pobrecitos aquellos que creyeron que el autor de esto lo decía en serio. Pobrecitos los que piensan que el antónimo de “tico” es “nica”, y viceversa. Pobrecitos, enceguecidos y ensordecidos por patrioterismos, sea cual sea el bando. Pobres los que se confunden y se dejan confundir.
Dichosos, no los “valientes”, sino, los sabios y prudentes.
jueves, 2 de septiembre de 2010
El Regreso: película de dudas

Hace un par de meses tuve la oportunidad de descubrir una película rusa (primera película de este país que veía, lo cual evidencia mi pésima formación en cine). Quien la trajo a mi casa fue mi amigo Baruc, simpatizante de los géneros literario y cinematográfico que posean un afán realista (irónicamente también tiene inclinaciones borgianas, quien descreía del realismo).
En fin: fue una grata sorpresa.
Su título es corto y no dice gran cosa. Es de hecho extraño que se llame El Regreso (2003, Andrey Zvyagintsev). Lo primero que se pregunta uno es: ¿Regreso de qué? Regreso del padre es lo primero que pareciera decirnos la trama. Sí, un padre que regresa luego de bastantes años desaparecido, a quien sus hijos no reconocen más que por una vieja fotografía y que intenta llenar el tiempo perdido, invitándolos a irse de pesca el fin de semana.


La intriga es el tono dominante de la película. Constantemente nos preguntamos “¿qué es la vara con este tipo?, ¿qué quiere con los carajillos?, ¿por qué es tan frío e hijuepueta? ¿Y la mamá, no piensa decir nada? ¿Por qué tan sometida? ¿Quién tomó la iniciativa de que volviera el tata? ¿Por qué volvió el sujeto ese, si además es un miserable de primera?"

Pero lo que quiero rescatar aun más es el final (lo más polémico). Algunos no simpatizan con un final que no resuelve todas las preguntas anteriormente expuestas, además de las otras que van surgiendo ("¿Por qué conoce el padre tan bien esa isla? ¿Por qué no come pescado? ¿Dónde estuvo todos esos años? ¿Qué contiene la caja?"). Es casi inevitable no sentir una frustración al ver los créditos finales con tanta incógnita. Y eso, en lo personal, es lo que más me gustó. ¿Por qué? Bueno, porque seguiré preguntándomelo por siempre, y la película seguirá presente en mi mente. Si hubieran cerrado la historia ya todo estaría listo: el gran círculo donde todo responde a un sentido (nada menos realista que creer en la explicación total y en la premeditación de los sucesos).
En El Regreso la incógnita es la dominante (como en la vida misma). Tantas preguntas que se hace el espectador solo sirve para ponernos en la misma posición que los personajes (específicamente los hijos). No es justo que sepamos más que ellos. Ambos, ellos y nosotros, nos vamos enterando de a poquitos del asunto, pero luego descubrimos que de los otros no sabemos nunca nada certero. Nunca descubrimos las intenciones del padre (al final sospechamos que debieron ser buenas, por la preocupación de que su hijo suba a la torre; pero solo lo sospechamos, no podemos asegurarlo, pues no nos da tiempo de confirmarlo. Esta lección es la más aterradora: no confiés en el tiempo, porque este se te puede acabar sin que hayás cumplido tus propósitos. Lo que has de hacer hazlo pronto.). Es más, somos privilegiados por saber un poquito más que los protagonistas (nos enteramos de la caja enterrada, cosa que los chicos nunca supieron), pero eso no nos resuelve nada.
Como metáfora de la vida (o en vez de metáfora, como alusión casi directa a ella) El Regreso nos muestra que nunca podremos saberlo todo, que la vida deja muchas preguntas al aire y que es con esas dudas que tendremos que tomar las decisiones más difíciles de nuestra vida.

Nos enseña también que una relación no se puede construir de la noche a la mañana. Nos dice que ser padre, por ejemplo, requiere tiempo, cercanía, sinceridad; que debemos cuestionarnos nuestros modelos tradicionales de (de)formación. Es irónico que la última vista que tienen del padre es la misma que tuvieron de primero: un bulto humano inmóvil, echado, extraño, a quien difícilmente alguien podría identificar o reconocer como padre. El padre se aleja y se hunde; toda esperanza de cercanía es sumergida en las aguas del olvido. El padre se hunde con sus secretos, con sus intenciones, con su caja misteriosa (mi profesor Andrés Mora ha llegado a sospechar que las fotos finales en las que se ve a los chicos de bebés con su padre, son el contenido de la caja).

El regreso no es el regreso del padre al hogar; es el regreso de los hijos a la vida, ya transformados en hombres por su propia cuenta. Es el regreso del padre al olvido y de ellos a la realidad.
Por otra parte hay que destacar que la película tiene un tratamiento sobrio. A pesar de que está hecha con cinco pesos (o más bien, precisamente por eso) busca la perfección en las imágenes (claro, si el recurso es poco hay que usarlo bien). El ambiente es frío (los colores tienen una dominancia gris y azulada), los planos largos, quietos. Resalto lo de la frialdad de los planos, del tono cromático y de los diálogos, porque responden muy bien al carácter del padre.
Las actuaciones están muy bien logradas, sobre todo las del hijo menor.
En fin, si la han visto, me gustaría saber sus comentarios sobre la cinta en general, pero sobre todo por ese carácter intrigante del papá y de la película misma. ¿Tendrá algún sentido en sí esas respuestas sin resolver o, siendo quizás consecuentes con un realismo que no cree en sentidos finales, todo es así porque sí?
Si no la conocían o no le habían puesto atención, pídanla en su video; he preguntado en varios y sí la tienen. Es un caso extraño de película que está ahí pero nadie la conoce.
Por cierto, ¿me recomiendan alguna para el fin de semana?
domingo, 15 de agosto de 2010
La nueva religión
Ahora sí, una vez leído esto, hago mi comentario, esperando los suyos, o por lo menos, una reflexión sobre la cuestión.
El tema me parece relevante, además de que es una inquietud que he venido teniendo en los últimos meses.
¿No parece la ciencia una nueva religión? ¿No está exigiendo de sus adeptos una actitud igual de dogmática que la que exige la fe? ¿No tiene también profetas para el universo y fábulas acerca del origen de todo?
Esto no es una defensa de la fe, pero sí un ataque al teoricismo (si tal término existe), es decir, a esas ganas de contar una historia con otro lenguaje, pero que viene a ser ficción, igual que el mito.
Muchas de las teorías físicas, por ejemplo, solo son sostenibles desde un paradigma muy cerrado. Fuera de él, o cuestionando el más mínimo postulado, se cae todo. Pero hay que creerlo, porque sí, porque la ciencia es nuestro nuevo sostén. Porque en medio de tanto relativismo algo debe darnos sustento, aunque sea la Teoría de la Relatividad, imposible de comprobar con hechos, pero que, irónicamente, nos dice que hasta el tiempo, principal recurso nuestro, es relativo.
Las bases sobre las que se sustentan los axiomas científicos son no solo oscuros para el resto de los mortales, sino, en muchísimas ocasiones, para los mismos creadores. Casi todo queda en puntos suspensivos y, ante tal hueco, una teoría postula un final decente, como para no tirar a la basura tanto esfuerzo y no dejar mal parado a nuestro género humano. Sí, rellenamos los vacíos. Lo mismo que el dogma y el mito.
Y no juzgo a la ciencia, ni a quienes, de buena voluntad, escarban en lo hondo de su imaginación o de sus estructuras paradigmáticas para hallar una respuesta. Esa es nuestra naturaleza, la incomodidad. Pero pareciera que nos da horror el absurdo del mundo, la carencia de respuestas absolutas.
Seguimos pretendiendo ser el centro del universo. Antropocentrismo no superado y heredado de la religión. Sabemos que no somos el ombligo de la existencia entera, que somos seres diminutos, de un planeta enano, de un sol casi inexistente, del brazo más pequeño de la galaxia más escondida del universo. Siendo tan insignificantes, ¿cómo pretendemos encontrar una respuesta que lo encierre todo?
La teoría cumple una función importante, cierto. Nadie quiere flotar en una nebulosa de dudas sin rumbo. Nos gusta el suelo firme. A nuestro planeta, mayoritariamente acuático, le hemos llamado Tierra, pues no nos gusta naufragar. Pero, la teoría es algo transitorio, un consuelo, algo pasajero que usamos mientras encontramos algo más firme y comprobable. Toda teoría debe ser superada, por otra teoría o, mejor aún, por la realidad misma (solo que nuestra percepción de la realidad siempre es limitada, he ahí nuestra paradoja). Por tanto, la recepción de una teoría no requiere una actitud de aceptación pasiva, sino un verdadero espíritu de duda, de incomodidad.
Asumir que un paradigma lo encierra todo, además de peligroso, sería insano para la naturaleza inquieta del ser humano. La idea de que ya no haya más que buscar es tan aburrida como la del Cielo, donde no hay emociones y ningún acontecimiento.
El mundo es una gran interrogante, sí, vaya perogrullada, pero la reafirmo para que la mastiquemos más. No digo que el mundo parece una gran interrogante, sino que (quizás) lo es. El mundo no es respuesta, es pregunta. Nosotros buscamos respuestas, pero no las vamos a encontrar, por lo menos no las absolutas, sino unas ilusorias. No debemos, por tanto, olvidar que tienen ese carácter ilusorio, que las necesitamos para tener una base, pero que no son definitivas, sino que tienen un fin utilitario, no absoluto. Si olvidamos esto último, caeremos en dogmatismos, que derivarán en totalitarismos (ay de quien no dijere "amén").
¿Quién dice amén a esto? Espero que nadie.
sábado, 7 de agosto de 2010
Contemplo

Helo ahí. Y heme aquí. ¿Y qué hago yo?
Llevo minutos, largos minutos, observándole.
Ayer estaba ciego, cosa trágica pero remediable para quien encontraba en su carencia su sustento.
Pero hoy es también un cojo.
Sus ojos ya no sirven y ya no tiene piernas.
Y nuevamente se planta ahí a luchar. ¿Luchar por qué? ¿Por esa vida miserable? Y sí que lo es; él sabe que lo es. Ayer suplicaba a gritos por una limosna y hoy solo permanece callado, con la mano semiabierta, esperando los cincos que le permitirán continuar con su existencia.
¿Por qué esa su insistencia en vivir? ¿Vale la pena esa clase de vida más semejante a la muerte? ¿Es él quien elige vivir? ¿O son otros, debido a su inmovilidad, quienes lo traen y viven a costa de él? ¿Otros, quienes lo mantienen apenas respirando para que suscite a la compasión y ser ellos quienes vivan? De ser así, ¿cómo podría, de quererlo, renunciar este ¿hombre? a eso? ¿De dónde sacará fuerzas de su medio cuerpo para eliminarse?
Quizás por la ley del mínimo esfuerzo.
Quizás.
Pero, ¿qué hay de mí? ¿Qué me ata a él? ¿Por qué desperdicio mi tiempo tan vital, tan ocupado, tan valioso, en mirar esa cosa que aún no sé por qué llamo hombre?
¿Y qué son estas líneas? ¿Por qué estas líneas? ¿Qué pretendo conseguir con ellas?
No lo sé. No sé por qué le tengo tanta dedicación a este sujeto (y a él más que nadie le calza lo de “sujeto”, pues está atado a su obstinación). No sé ni qué es esto que he pensado y luego escrito. No es un trabajo periodístico, ni un relato, pues aquí no hay historia alguna. Es a lo mejor una contemplación; algo así como los apuntes de la impresión que deja el mirar una obra artística. Y ciertamente eso contemplo yo, solo que es una obra maltrecha, pero no destruida, como la ruina viviente de algo que pudo ser glorioso. Y me pregunto quién habrá sido su escultor. ¿Dios, ese hombre o yo mismo? ¿O los tres?
miércoles, 28 de julio de 2010
De profesión, payaso
Sólo que el pantalón, algo roído, le llega hasta el pecho; el chaleco rojo es ridículamente diminuto; el saco, de color negro y corte tipo chapulín, le llega hasta las pantorrillas; el diminuto sombrerito tipo Chaplin está ladeado y enmarca una cabellera de pelo natural que deja entrever unas franjas canosas (“Son highlights tipo schnauzer”); finalmente una barba negra contrasta con la prominente nariz roja; sin faltar los enormes zapatos coloridos. Todo un payaso.
“Un international clown, por favor,”
–Su nombre completo:
“Maurice Chaqueton Delacroix.”
–En español…:
“Morís Chaquetón de la Crua”
–¿Y cómo se describe?
“Primero, soy súper divino (con acento fresa), por eso me duele la cara de ser tan guapo. Es más, cuando llegue a Estados Unidos la gente me verá y cantará “Simply Irresistible” (corea el estribillo de la canción de Robert Palmer del mismo nombre). Además, es importante señalar que soy troglodita”
–¿Troglodita?
Sí, claro, porque hablo varios idiomas.
–Políglota…
“Sí, eso, troglodita”
–Eso pareciera haberlo dicho Don Ramón, de la serie “El Chavo del 8”.
Naturalmente, es mi personaje favorito. Me encanta Ron Damón.
Biografía de una fantasía
Maurice, el payaso, interpretado por Maurice Sagot.
“Soy el único payaso que utiliza su nombre real de pila como nombre artístico.”
Sagot, el hombre, comenta que eso es dado a que “Maurice soy yo.”
Un publicista que hace quince años decidió dedicarse a la carrera de entretener a la gente. Aunque al principio no lo hacía a tiempo completo, actualmente este oficio basado en el humor y la fantasía es la principal fuente de ingresos de su familia, al punto de que su hogar y todo lo que en él hay, junto a la manutención de su esposa y dos hijos, corre por cuenta de los activos que genera Maurice, el payaso.
“Pero no lo hago por dinero. O sea, es claro que vivo de esto, pero antes hacía otras cosas, como trabajar en publicidad, empleo que genera buenos ingresos. Pero desde que descubrí que podía hacer reír a la gente, me enamoré de esa sensación y eso es lo que hago. Ser payaso es un oficio con trascendencia, no se tiene idea de cuánto”, es lo que asegura Sagot con mucho orgullo.
Su inicio en el mundo de las risas fue fruto de una campaña publicitaria que diseñó para una compañía de payasos llamada “Paraguas Rojo”, la cual era liderada por el hermano de Sagot, Jean Paul.
La campaña dirigida por Sagot le permitió acercarse más al oficio de su hermano, al punto de que éste le insistió para que se transformara en uno, cosa que no fue difícil de conseguir. Sin embargo topó con distintas dificultades en su inicio. Una de ellas fue la del qué dirán, pues Sagot era publicista y el estatus que generaba su nuevo empleo como payaso era muy distinto del que conseguía como director creativo de agencias. Hoy en día asegura que no le afecta en lo absoluto.
Otra prueba fue la de la imagen de su alter ego. Cuando se decidió por fin a ser payaso eligió ser uno del tipo “vagabundo” que, a diferencia de los otros tipos de payasos (llamados “auguste” y “carablanca”) se caracteriza por su facha de colores oscuros y rostro tristón.
“Imaginate la cara que hacían las primeras personas que me contrataban. Muchos hacían gesto de desprecio, lo que era difícil para mí. Y los entiendo, yo fui el primer payaso de ese tipo, y en comparación con mis otros colegas que vestían pelo rojo y pompones, yo era una cosa rara; aquel payaso con aquella pinta no era fácil de asimilar. Pero luego de terminado mi show, y ver que la gente lo había disfrutado de verdad, me llenaba de satisfacción. Inclusive muchos de los que me habían contratado y que al principio habían hecho mala cara y hasta me habían dicho “payaso espantoso” venían a pedirme disculpas luego, y hasta me llegaban a pedir horas extras para que me quedara más tiempo o me contrataban para otros eventos.”
–¿Por qué vagabundo?
“Bueno, el payaso se da de acuerdo a la personalidad de quien lo concibe. He intentado hacer a Maurice carablanca y auguste y no funciona. Ahora él tiene vida propia y se niega a ser otra cosa que él mismo.”
¿Casa de payaso, cuchillo de globo?
Sagot admite que sin Nora, su esposa, no podría ser payaso. Ella lo apoyó desde el principio, cuando le anunció su decisión de convertirse en un personaje de fantasía. Nora es además quien diseña los trajes de Maurice y quien se encargaba de administrar la antigua compañía de payasos que ambos crearon, llamada “Funny Clowns”.
Sobre Sagot fuera de su traje de payaso, ella comenta que es la contraparte del personaje, pues no lo considera tan gracioso. “Se transforma con el traje, no sé de dónde le sale la gracia que ni tiene sin maquillaje”, asevera en un intento de fastidiar en broma a su marido.
Sus hijos, en cambio, tienen opiniones distintas del oficio de su padre. Gabriel, quien es el mayor, tiene dieciséis años, y Maurice es casi su hermano, pues el personaje surgió cuando él era apenas un bebé de un año; no es de extrañar, por tanto, el que considere el trabajo de su papá como algo natural y que defiende con ahínco. Hace nueve años, con ocasión de un reportaje en la revista “Niños”, respecto a papás con oficios poco comunes, Gabriel respondió: “La oficina de mi papá está en los parques y las fiestas. Su profesión no tiene precio. Su paga es la sonrisa de los niños”.
Sagot observa con diversión la actitud tan disímil de su progenie, pues cuenta que cuando le hacía algún globo a Gabriel de niño, luego, al quitarse el maquillaje y el traje de payaso, su hijo venía contento a mostrarle lo que Maurice le hizo. En cambio su hija menor, Monserrat, de cinco años, cuando lo ve vestido de payaso no hace distinción alguna y lo sigue llamando “papi”.
Ahora bien, cuando se trata de las fiestas para sus hijos, han sido muy pocas las ocasiones en que se ha vestido como Maurice, pues su esposa no se lo permite: “Necesito que me ayude con la fiesta, no quiero estar sirviendo yo sola. Ahí que se deje de payasadas y colabore con los invitados”.
Ser payaso es cosa seria
“Cuando me contratan pienso que quien lo hace me está abriendo la puerta de su casa para un evento de los más importantes: el cumpleaños de su hijo. Yo imagino el esfuerzo económico y la confianza puesta en mí para hacer un buen show que haga que al final diga que valió la pena el esfuerzo. El payaso no es una necesidad, es un lujo; y yo como papá sé lo que cuesta una fiesta.”
La actitud que toma Sagot antes de convertirse en Maurice es divertirse él mismo, por lo que procura olvidarse de cualquier problema o asunto que se lo impida. Él es claro de que el show debe continuar.
Considera además de que ser payaso es tan importante como ser doctor, abogado o arquitecto.
“Una vez hice una fiesta. La señora que organizó me agradece y me da un beso en la mejilla y me dice: “gracias”. Le pregunto que gracias por qué, y me cuenta: “Hace un mes no me reía porque me detectaron cáncer de mama. Hoy vi que podía reírme de la vida, y eso se lo debo a usted.” Son esas cosas las que le dan un significado espiritual a lo que hago.”
Sagot ve todo esto como evidencia de las palabras de Jacque Laclerque, un payaso estadounidense con título de Master Clown, quien le enseñó que “el propósito principal de un payaso es hacer reír a su público. Pero un buen payaso puede hacer mucho más que eso.”
Lo entendió años después cuando, en un evento, al finalizar el espectáculo y despedirse con las palabras “hasta la próxima”, se le acercó un niño de unos cinco años y le dijo: “No diga hasta la próxima porque yo tengo Sida y no sé si te voy a volver a ver porque me voy a morir. Pero gracias por ser mi amigo”. Era una actividad de la Fundación Vida, que trata niños con Sida, y en la que, por tratarse de un evento benéfico Maurice no cobró un céntimo, pero asegura que la paga fue esa gran enseñanza y la confirmación de las palabras de Laclerque.
Lo segundo que aprendió del Master Clown fue que aunque no se sea el mejor se debe luchar por serlo. Sagot se lo ha tomado tan a pecho con su personaje Maurice, que actualmente es uno de los nombres más importantes entre los payasos costarricenses. Se ha convertido en un ícono, entre otras cosas, por su habilidad con los globos y con el maquillaje de fantasía. Entre sus muchas distinciones, la que más aprecia es el rostro de un niño cuando ríe o se sorprende por los diseños que le estampa en su rostro o brazo. Sagot (o Maurice, pues es difícil distinguir quién lo dice) asegura que para él eso no es ningún cliché decir que lo mejor es “cuando se les salen las lágrimas de reír sin que les hayás faltado el respeto”.
Entre las innumerables anécdotas cuenta la de un señor anfitrión que contrató a Capitán, el personaje de su hermano Jean Paul, quien no pudo asistir al evento, por lo cual envió a Maurice. El hombre, al ver llegar a un payaso que no era el que él había elegido, y además con apariencia de vagabundo, empezó a humillarlo delante de los invitados a la fiesta. Para evitar más insultos, Maurice se ofreció a no cobrarle el show en caso de que no le gustara. Al finalizar y ver el efecto provocado en todos los invitados, el señor se disculpó delante de todos los presentes y aseguró haber estado muy orgulloso del trabajo de Maurice, al punto de que, de haberlo conocido antes, lo hubiera contratado para muchos otros eventos pasados.
“Otro señor, al que le he organizado las fiestas de sus hijos y nietos durante años, me pidió uno de mis trajes y lo mandó a enmarcar como parte de los recuerdos de sus pequeños que ya crecieron.”
–Es inevitable verte orgullo en la cara cuando contás eso.
“En realidad de lo que más me enorgullezco es del efecto que soy capaz de conseguir cuando la gente ríe”.
–¿Qué es lo difícil de este arte?
“La espontaneidad. Pero una espontaneidad que funcione, que haga reír. Un payaso no se aprende un guión ni nada por el estilo. Sale a matar o a morir.”
–¿Y qué es lo más sacrificado?
“Bueno, lo que tiene todo trabajo independiente. Pero además de eso: que trabajo cuando todos descansan. Además, nunca me han invitado a una fiesta; a Maurice sí, a miles; pero no a mí. Fue apenas hace un mes que un señor a quien siempre le he hecho las fiestas de sus hijos me pidió que le recomendara otro payaso para variar este año la actividad. Yo comprendí la situación, pero luego me dijo que era porque además me quería de invitado. Fue tremendo aquello porque entendí la importancia que tenía dentro de su familia. De hecho no me conocen sin maquillaje, va a ser gracioso aquello.”
–¿Y la característica más común de Maurice?
“La paciencia. Es indispensable para ser un buen payaso. Los detalles también”
Y es que todo, hasta los gestos menos sospechados, forman parte de un protocolo que Maurice, como payaso profesional, cuida. La manera de abrazar a un niño, de saludarlo, de darle un beso, de invitar a uno tímido a que se acerque, de sentarlos en la silla para pintarlos. Todo tiene su truco para que ellos se sientan a gusto y además, para generarles a los padres confianza en el modo en que el payaso los trata. Maurice, no sólo sabe bien cómo hacerlos reír, sino cómo tratarlos con respeto.
–¿Qué quieres que te dibuje?
–La Sirenita, en el cachete.
Maurice la convence de hacerse pintar en el brazo.
–Así te queda más bonita porque te hago un castillo de fondo.
La niña abre los ojos emocionada y accede.
–Nada más dame un chance para tomarme un trago de café.
Maurice rompe el protocolo de los payasos que incluye no comer ni beber en público; pero son las 6: 25p.m. y ha estado pintando desde las 2:00 p.m. Cuando bebe arruga la cara.
–Está frío y sabe a pintura.
Y es que la taza de café está al lado del agua de los pinceles, que también se ha vuelto café de estarlos limpiando.
–Siempre me confundo. Ya no sé cuál es cuál –comenta. Si es broma o no, es difícil saberlo; pero no es de extrañar pues el café se lo trajeron hace bastante rato y es ahora cuando tomó el primer sorbo, ya que el trabajo de pintar a los niños no ha cesado un minuto.
Luego de veinte minutos termina la pintura de la niña. En promedio dura eso con cada niño, y no por eso las filas disminuyen, pues sus diseños son tan detallados que los chicos hacen esperar a sus padres el tiempo que sea con tal de que Maurice les estampe un “Spiderman”, algún personaje de “High School Musical” o uno original del propio niño; algunos optan por transformar completamente sus rostros en alguna mariposa o un animal feroz.
–De bodypainting van a pasar al tattoo en unos diez años –dice en broma.
Finalmente le da los toques finales a la niña, haciéndole una corona de escarcha en la frente. La niña le pregunta si se ve bonita.
–Preciosa –se despide de ella quien, radiante, se marcha con su padre.
“Son esos gestos los que la gente agradece y los que trato de que me conviertan en un gran payaso. No soy el mejor, pero al igual que Leclerque, trato de serlo.”
miércoles, 21 de julio de 2010
El nuevo flaco
Yo sonrío; es grato ver la cara de sorpresa y alegría de quienes me conocían gordo y ahora observan con gusto mi nueva y mejorada apariencia. Pero por otra parte, tengo un dejo de resentimiento cuando les veo tal regocijo. Trato de recordar cómo eran sus rostros al ver mi anterior enormidad, pero no logro recordarlos. No puedo o no quiero; es más satisfactorio celebrar este nuevo y definitivo triunfo: triunfo que no es fácil sostener.
¿O qué, se creían ustedes que solo era cuestión de comprar ropa de menor talla y ya? ¡Qué va! Si para tener un puesto de honor en la patria de los delgados hay que invertir mucho. Para alguien como yo, que no es nativo de esta tierra, ser un nuevo flaco implica buscar el modo de resaltar con algo que no sea tan humillante como ser únicamente recordado por ser un cerdo rehabilitado. Se necesita ser elegante, fashionista, atrevido; lograr borrar toda sombra que recuerde que fui una voluminosa masa de mal gusto. Ya no más, he ahí lo difícil de esto.
Los que creían que ahora me ahorro millones con lo que ya no como, deben reflexionar que ese gasto ha pasado a ese otro rubro estilístico. Y no se extrañen, porque, ¿acaso alguno de ustedes, con un sueldo ahora mayor, puede decir que tiene más dinero para ahorrar? ¿No les sucede que surgen mágicamente nuevos gastos que hacer; gastos que casi siempre se deben a lo costoso de sostener el nuevo estatus? Pues si les ha pasado estarán de acuerdo conmigo.
Hubo alguien que intentó venderme la convicción de que por salud fue lo mejor que pude hacer. ¡Idiota! ¡Salud! ¡Si supiera! Si tan sólo viera lo que invierto en psicólogos y lo mucho que los necesito y a sus antidepresivos, no me vendría con que la salud y que no sé qué y que no sé cuánto. Yo sacrifiqué la salud mental por la de mi cuerpo. Pero es un sacrificio que no hace cualquiera, porque comer como ballena es delicioso, aunque lo haga sentir a uno remordimientos; pero jamás tantos fantasmas como los de acostarse en la noche, luego de haberse mirado treinta minutos al espejo agradecido con la vida y orgulloso de la decisión de haberse operado, y al cerrar los ojos, ver aparecer otro espejo –mi analista dice que es el de mi inconsciente–. En ese espejo maldito me veo reflejado con toda mi gordura, con mi flacidez y redondez, con mi mal vestir, con la piel grasosa y el pelo hecho un desastre; en fin, sin ninguno de mis nuevos atributos y sí con todos mis defectos. Me miro y trato de gritar pero no me oigo, ningún sonido sale de mí. Mi reflejo me muestra desnudo, con esa ridícula y asquerosa figura, oyendo voces que se mofan, voces sin rostro que me punzan con sus carcajadas.
Y despierto agitado, sudando, sollozando fuertemente y buscando mi inhalador por todos lados, pero recordando luego que un día lo lancé a la basura porque me recordaba mi antiguo yo, ese ser débil y repulsivo, y no este nuevo, exitoso y radiante, que gracias a trucos quirúrgicos ocupó un lugar de privilegio en la sociedad, y que no puede jugarse el chance de perderlo, pues sería mi ruina total y el verdadero acabóse para mi alma.
Así que no venga ningún idiota con que la salud, que el ahorro, que la autoestima y otras mierdas; porque estar donde yo estoy no es fácil. Y si me preguntan que por qué me operé entonces, que se deje de güevonadas y ojalá estuviera en mi lugar para que supiera que, pese a todo, son sacrificios necesarios para ser alguien en este mundo, irónicamente redondo, de gente plana.
martes, 6 de julio de 2010
De Lost y los finales abiertos
Repito que como no he visto la serie completa ni el susodicho capítulo me abstengo de comentarios al respecto, por lo cual no puedo salir en defensa o al ataque del tal final; es más, le concedo al verdadero fanático el beneficio de la auténtica destrucción o reivindicación del clímax del serial. Quiero más bien reflexionar sobre ese extraño sentido que ansiosamente buscamos en todo. Tanto en el caso de las series, películas, poemas, novelas, obras teatrales, como en cualquier episodio de nuestra vida hemos de estar especulando en busca de un sentido profundo, no evidente, connotado y totalmente explicativo de las razones que mueven las cosas. De ese fin que con el que seremos capaces de entenderlo todo, esa explicación absoluta de todas las circunstancias.
Y es que nos encantan los finales cerrados. Nos encantan porque nos dicen que todo tiene un sentido completo, que todo responde a un propósito que no deja nada al azar. Nos agrada esa ilusión de seguridad que genera el pensar que existe una mente creativa que ha pensado todo con anticipación y que le ha instaurado un lugar a cada elemento, de manera que no haya ninguno al azar. El final abierto, por el contrario, nos asusta, porque no existe entonces una explicación totalmente racional, porque pareciera decirnos que hay fuerzas descontroladas que nos dominan y nos llevan para ninguna parte. Lamentablemente para los detractores de este segundo tipo de finales, la vida pareciera decirnos constantemente que ella es más bien como un enorme final abierto, donde las respuestas carecen y las dudas son las más. La vida en sí misma no da respuestas, solo sucesos, que suelen ser para nosotros preguntas más que conclusiones.
Tenemos, claro que sí, derecho a buscar respuestas, a formular preguntas e insistir una y otra vez en descubrir explicaciones mediante el método que consideremos más apropiado: intuición, fe, razón. Pero una vez hallado (si es que es posible) un sentido, deberemos entender que será la explicación que nosotros queramos darles a los acontecimientos, no la que estos mismos dan, porque nunca lo hacen; ellos no se explican, ellos solo ocurren, es a nosotros a los que nos concierne el encajarlos dentro del fundamento ideológico que consideremos conveniente; eso es parte de nuestra naturaleza. Cuando estos hechos tienen apariencia de respuestas, sería sensato no olvidar que ellos no son respuestas en sí mismos, sino que somos nosotros quienes le damos ese carácter. Por tanto, toda interpretación de los signos de la vida es nuestra interpretación, y toda lectura sobre ellos será siempre más o menos ilusoria. Ahora bien, el problema no es, su condición de ilusoria, sino el que no estemos conscientes de ello.
Así pues (con posibilidades de equivocarme), creo que si es cierto que en el último capítulo de Lost siguen quedando dudas al aire y las explicaciones no fueron suficientes, la serie hace justicia al no amarrar todo a una única interpretación, porque nada tiene un único sentido, sino que estos se mueven, se desplazan, se esconden y dispersan, y he ahí entonces que nuestra labor se llama quizás especulación. Ese es nuestro arte supremo: especular. Solo los espíritus débiles desean las respuestas servidas y un sentido que no haya que descubrir sino que esté ahí, tan evidente que no haya que descifrarlo. Ya que, siguiendo el mito bíblico, nos apoderamos del don de interpretar por nuestra cuenta la verdad al comer del fruto de la ciencia, usémoslo pues; ya que desde un principio Eva y Adán renegaron de entender el mundo desde Dios (es decir, desde una autoridad dogmática) es claro que, para bien o para mal, nuestro destino es ver por nosotros mismos, aún cuando carguemos con la angustia existencial que nos perseguirá por siempre.
Y habrá (porque los hay) quienes piensen que el ser humano solo encontrará paz cuando retorne a aceptar una explicación única y total, y además ajena a sí mismo(simbolizada en el papel de Dios, continuando con la lectura del relato del Génesis) para entender el mundo y se arrepienta de su soberbia. Son los mismos que con gusto irían donde el autor de la novela para pedirle que les explique lo que ha escrito (quieren el texto y su explicación adjunta), o donde el guionista y director para que les diga de qué se trata realmente la serie, y si ellos estaban o no equivocados para ir a contárselo a sus amigos y que se dejen así de güevonadas, que no saben nada, que todo es pura hablada y que mejor se callen porque ellos sí saben, porque fueron a preguntarle a los que sabían. Solo que el director o productor, o guionista, o a lo mejor solo creativo, o ni eso, del universo está muy ocupado o no entiende nuestro primitivo lenguaje y nos seguirá tocando arreglárnosla a nuestra manera porque la serie es una y él no tiene interés en seguir produciendo más capítulos, ya que no cree en secuelas.
Publicado en Revista Paquidermo
sábado, 26 de junio de 2010
Enfrentándose a la literatura
Primeramente, concuerdo en que no debe existir un canon de lecturas obligatorias. Me parece acertado que haya, más bien, listas de opciones, pues ningún lector real lee por obligación, sino que siempre tiene ante sí una gama de títulos, géneros, autores, movimientos y temas a escoger. Pero así como no creo en la obligatoriedad de las lecturas, tampoco creo en la restricción, y considero poco acertado haber cercenado la segunda parte del Quijote de la lista de quinto año; debió, en cambio, mantener una categoría de opcional, tal como lo tiene la primera, pues El Quijote es las dos partes, y es inapropiado pensar que se puede comprender una obra leyendo la mitad. Soy de la misma opinión respecto a varias de las lecturas anteriores: creo que debieron mantener también la categoría de opcionales, es decir, viables. No haberlo hecho fue como disminuir su valía frente a los nuevos títulos propuestos, cosa discutible.
Pero el motivo más profundo de este artículo es otro. El 1 de octubre del 2009 comenté en La Nación que uno de los grandes problemas de la enseñanza de la literatura es la falta de relación que logra hacer el lector adolescente entre eso que lee y su experiencia de vida. Afirmaba que más allá de los textos a estudiar, el problema a enfrentar es el modo de acercarse a ellos. Empezando porque el acto de leer no es algo natural y es más bien todo un ejercicio que requiere de un esfuerzo mental muchas veces profundo. Cuando se lee no solamente se interpretan signos fónicos, sino que estos llevan una carga semántica que es la que le da sentido al acto de leer; es decir, que no es solo relacionar un signo con su sonido, sino con un significado; en el caso de la literatura, dicho significado es complejo y propio: es aquello de lo que solo la literatura puede hablarnos.
Metodología inadecuada. Así entonces, nuestro sistema educativo peca gravemente en el análisis de las obras literarias, pues en muchos casos el texto es únicamente una ejemplificación de los modelos gramaticales o literarios vistos en clase, y no un propósito en sí. No se lee una novela, cuento o poema por la obra misma, sino como referente para encontrar figuras retóricas, movimientos literarios o contextos sociopolíticos, y el mensaje propio del texto se evita; aún más: el texto mismo pasa ignorado la mayoría de las veces pues, “¿para qué leer una novela larga como el Quijote si finalmente solo me harán dos preguntas al respecto y casi siempre irrelevantes?”, comentan muchos estudiantes.
Y es que leer la obra suprema de Cervantes para responder cuál era el nombre de la amada ideal de Alonso Quijano es una ofensa a esa novela. Un estudiante no requiere en lo absoluto la “tortura” de pasar la vista por centenares de páginas, seguir las múltiples historias ahí relatadas en un castellano algo arcaico y de difícil comprensión para la lengua actual, sobre un héroe de tan dudosa categoría, si finalmente solo deberá saber quién escribió esa obra, cuándo lo hizo, en cuántas partes se divide la novela, quiénes son los personajes principales y secundarios, a qué género responde y más o menos de qué trata la cosa. Diseccionar de esa manera un texto literario no lleva a la comprensión verdadera de él, así como separar en partes un cuerpo no nos revela el poder que le da vida y personalidad a eso que llamamos ser humano. Esa metodología es un insulto a la literatura y un ejercicio contraproducente, pues le dice al estudiante que la literatura es un accesorio, un pretexto para otras cosas más importantes.
Desafío. Entonces, cierto es que se puede estar a favor o no de la nueva selección de lecturas, pero con lo que no se puede continuar es con esa pretensión de seguir analizando los textos con el mismo sistema, uno que no favorece el compromiso con el análisis del mensaje de las obras. Este debe ser el nuevo desafío del Ministerio de Educación: que así como los profesores de matemáticas e inglés se han visto obligados a comprobar su competencia para enseñar la materia que tienen a su cargo, igualmente los profesores de español y literatura deben capacitarse nuevamente en áreas como la explicación de textos y análisis de mensajes, para que no sigan repitiendo fórmulas y paradigmas poco aptos para enamorar a un estudiante no solo del acto de leer, sino del encuentro con lo literario y su mensaje; para que descubran esos significados verdaderamente aplicables a la realidad que posee la literatura; para que ayuden a los estudiantes a hacerse preguntas a sí mismos de cara al texto, y luego hacerles preguntas al texto; conversar con él, discutir, enfrentarlo, debatir, cual es el propósito de la buena literatura: que el lector se descubra a sí mismo. Que descubra la vida.
sábado, 19 de junio de 2010
Pitazo inicial de un partido muy jugado
Se mueve la pelota y los jugadores corren, sí, corrrrren al igual que los espectadores que soplados fueron a embarcarse en un créeeedito estrafalario para adquirir una megapantalla de última generación y ver cómo le zampan gol tras gol a su equipo favorito o al rrrrrevés regodearse del gane de SU equipo cuyas banderas no tienen ni por asomo el blancoazulyrojo de su patria sino casi siempre un verdiamarillo trrrrropical o el azulado fuerte de ancestral color renacentista o cualquier otro de su predilección pero nunca Dios nos libre el águila devoradora de serpientes impresa.
Miren cómo se gozan los ojos bailones de la afición tras el esférico sin percatarse del chorro de ceros que tendrá su factura crediticia conforme avanzan los meses plazo y los intereses engordan mientras enflaquece la liquidez salarial como si estuviesen poseídos por gigantesca solitaria.
Sin embargo los fiebres del deporte rey tienen la esperanza de que el aparato siga funcionando para los próximo cuatro años en que su selección ahora sí clasifique a Brasil cuya amable tecnología curiosamente se impone en vísperas de celebrarse las próximas olimpiadas y de ser sede de la copa mundial de fútbol cuando nuevamente reviente la venta de televisores con tecnología japonésbrasileña porque el tipo que se embarcó hace cuatro años no ha terminado de pagar el veintinueve pulgadas que además tuvo que vender por tener tecnología gringa cuando la nueva señal no es compatible y el susodicho aparato ya no sirve para nada y ahora corrió soplado a la financiera para unificar deudas y entrarle a un treintaydos pulgadas para ser testigo del desplome de su selección en la primera ronda.
Sí señores estamos viendo cómo el balón rebota al costado donde hay saque de banda y se puede apreciar a los técnicos de ambos equipos uno de ellos tan gritón que se parece al cabrón del jefe que se cree profe de un equipo de peones que tienen que hacer horas extra para reponer los minutos perdidos mirando el mundial en el diminuto televisor del guarda de seguridad del parqueo público de enfrente de la empresa mientras el jefe carebarro sale a almorzar con la secretaria y la invita al sport bar con proyección gigante y birra güisqui y bocas al doble de precio donde las caras pintadas abundan porque son caras que también se pintaron del brete pues para eso soy jefe y puedo darme esas licencias sino para qué putas me he jodido serruchándole el puso a los otros babosos que no supieron cómo es que le gustan los calcetines ensalivados al presidente de la empresa.
El balón se acerca peligrosamente al área pero cae en manos del portero que tiene que estar como uno atajando las chichas de ese mismo jefe cuando el puñado de inútiles de SU equipo perdieron sin meter siquiera el gol de la honra pero como a él nadie nadie lo deshonra mandó pa la choza al menso subalterno que llegó al día siguiente con la camisa del equipo rival ganador con amonestación sin goce salarial por provocación a la autoridad y vestimenta indecorosa lo que el jefe no imagina es que el rayonazo en la pintura del carro no fue contraofensiva del pinche pelado sino de la secretaria ofendida por haberla dejado botada en el bar y no llevarla al prometido Edén haciéndola madrugar al día siguiente y exigiéndole silencio absoluto y ningún berrinche por lo de ayer ni por el carácter hepático de hoy del jefe capitán que también está puteado porque le falta la postalita para llenar el álbum que en realidad era para su hijo pero que terminó dejándoselo él porque los carajillos no saben apreciar nada y por el que tuvo que pagar un piñazo por la pinche postal que resultó ser del pupilo de Maradona a quien él detesta por manudo esto es de mano larga para hacer goles dudosos y de descaro todavía mayor cuando el mejor jugador no es el enano imitador que también hizo gol con la manota a vista y paciencia de las cámaras de televisión europea sino que el mejor de todos los tiempos era aquel pelón que pegaba durísimo con la jupa cual cabra salvaje en combate por la hembra aunque el calvo ese no tenía cuernos ni el codiciado pelo del balante animal.
El árbitro pita tiro libre a diferencia del tráfico que se dio libre él y que aunque no hay carros en la calle porque todo el mundo está pegado en las vitrinas de las tiendas donde se exhiben todos los plasmas que aún no se han podido vender viendo a los piernudos con medias cuasi pantis cuya ridícula vestimenta hace reír al que escribe toda esta perorata pero cuyas pantorrillas envidia profusamente por carecer él del material cárnico necesario y tiene que aguantarse la paradoja de una calle vacía con un bus que no pasa desde hace treintaycinco minutos y cuando llega lo hace lleno hasta el copete y como llueve y las ventanas están cerradas se ahoga en un aire regastado que no alcanza para llenar los pulmones del gordo chofer que aspira todo el oxígeno para gritar goooooooollllllll y detener el bus y celebrar con esa ridícula y diminuta chema de imitación que enseña el ombligote peludo del panzón tan peludo como el aumento impuestario que se está aprobando en un plenario casi vacío y en el que todas las cabezas sabihondas dicen que sí a todo con tal de irse rápido a la casa o al bar a ver el siguiente partido en el que tienen una apuesta pendiente en el sport book que misteriosamente no sufrió aumento de impuestos como lo prometió la dirigente en turno que al igual que el entrenador de nuestra fallida sele tiene un equipo muy lindo pero que a la hora de la hora qué importa que se juegue lindo o sucio si igual se nos va a olvidar pronto el cuadro que han hecho y vaya cuadro que no se parece en nada a la perfecta redondez del negocio que se tienen con el chorro de concesiones e inauguraciones incompletas o de dudosa legitimidad como la de Crucitas pero lo que sí se están cruzando son palabrotas los jugadores con el árbitro porque no se puede jugar en esa gramilla tan mala que se parece al edificio de la Asamblea la ruta 32 o la carretera a Caldera que se caen a pedazos además de las calles tan malas de acá que solo se pueden recorrer con 4x4 y ni eso porque para ello se ocupa una licencia B2 pero no permiten hacer examen de esos con el Rav4 entonces quién los entiende.
Reclaman trasladar el partido a otro estadio como el chino que está hecho un chuzo y que ocupamos inaugurar ya para que lleve el nombre del doctor Orejitas cuyo sistema auditivo es tan bueno tan bueno que dice ser capaz de escuchar al mismo Dios que le susurra constantemente pero que no loga hacerle llegar al mensaje a ese cultivo de caracoles y batracios que no le quieren inaugurar un parque o un bulevar y ni siquiera una capillita cuando olvidan que él es casi el mismo Dios y su hermano su profeta y es que con un equipo de babosas no se puede clasificar al Mundial y por eso aunque playa sí hay para los aumentos diputadiles y para la importación de pantallas camisas postalitas balones jabulani demasiado perfectos y demasiado defectuosos que se resbalan y meten autogoles como los exministros que se autonombran embajadores y luego se van y ponen a un periodista muy tuanis para dejar callada a la prensa majadera pero que él mismo admite no saber nada de diplomacia pero como fue jefe y profe de muchos periodistas todos callados y sí hay plata insistimos para pagarle al Seagal que nos enseñe cómo hacerle toques de aikido al jugador rival para que se quiebre de verdad y deje de estarse haciendo el lesionado pero no tanta plata como quisiéramos si hubiera clasificado la sele al mundial y ahí sí se disparan las diez mil promociones y toda la pauta publicitaria en medios de comunicación con todo el mundo frenético y haciendo fiesta por todo lao y ahí sí hubiéramos podido pagarle al Bryan Ruiz para que se quedara en el Sapri y no en Holanda donde todo muy tuanis pero ocupamos levantar el nivel acá porque sin circo y sin pan todo está jodido máxime con esa Leonora que muy guapa pero que aunque ha visitado Holanda como diez veces y sabe pronunciar bonito nombres extranjeros no sabe ubicar quién es quién en el panorama futbolístico.
Igual nos pasa ahora cuando nadie sabe si el compa de la par es del mismo equipo o del otro y si va a votar sí en el referendo en el que ahora nos dicen que hay que votar no por el bien de los niños y la familia tradicional con la mama panzona año tras año porque la pastilla del día después es pecado mortal y Dios le mandó ese marido y tiene que aceptarlo aunque le pegue porque México ganó y Cuauhtémoc es un cabrón hablador y que se calle ella o le arrea porque en la casa manda él y él no se deja de nadie mucho menos del primillo que ya lo llamó para cobrarle la apuesta maldito vendido que dice que el aztecazo fue pura chiripa y que sueñe con que Cartago va a ser campeón porque eso no va a pasar por profanar a la Negrita a la que le va a ir a pedir en agosto por el triunfo de los brumosos y que le cure la cirrosis que se tiene por culpa de tanto guaro en un país donde el alcohol le pertenece al Estado pero que no lo dejan fumar tranquilo donde le dé la gana.
Y así la primera parte de un partido que no se sabe cuánto dura ni quién es el ganador pues se dice que todos ganan pero hay que ver quiénes son realmente todos si todos todos o unos pocos todos y de ser así si todos ganan o TODOS pierden o si hay que ir a tiempos extra.
miércoles, 9 de junio de 2010
La exaltación de Eva y Adán
Empiezo primero por desdeñar toda interpretación de la mujer como provocadora de los males del mundo. Tanto Lillith como Eva intentan acceder al mundo sin otro intermediario que ellas mismas, y por eso son estigmatizadas. Lillith, nacida junto a Adán, es poseedora de los mismos derechos, pero es desprestigiada por su intento de dignidad. Eva, nacida del hombre, es la inversión de la ley natural en la que claramente es la mujer la engendradora del hombre y no al revés como “ilustra” (más bien oscurece) la tradición yahvista, autora del segundo relato de la creación del hombre. Esta interpretación, este desprestigio que se le hace a la mujer debería ser una visión ya desechada hace mucho. Eva y Lillith no son Pandora, traedora del mal (a quien podríamos también defender); ellas, por el contrario, son quienes abren la posibilidad de crecer, de madurar, de aprender por cuenta propia, de desarrollarse.
Ahora bien, esta no es una defensa de la mujer, sino del ser humano en total; una reivindicación de su derecho al discernimiento. Empecé defendiendo a Lillith y Eva pues son verdaderamente ellas las impulsadoras del desarrollo humano. Yo, tal y como lo entendí de un gran erudito cual lo fue Erich Fromm, no veo en el acto de Eva y Adán de comer del fruto prohibido una caída, sino una exaltación. Es claro en el relato que la serpiente fue la que tuvo razón: “No moriréis sino que sabréis distinguir lo bueno de lo malo”, cosa que en efecto sucedió. Esta es entonces una defensa también de la serpiente. La serpiente es un símbolo: representa el raciocinio, característica innata del ser humano. La serpiente es Prometeo.
Un psicoanalista como Fromm veía en el Jardín del Edén un símbolo del vientre materno, lugar apacible donde el feto se desarrolla solo entre sensaciones, pero que finalmente deberá ser expulsado para que se inserte en el mundo. La madre desearía retener para siempre a su bebé en sus entrañas, pero este sigue su instinto natural que lo hace salir hacia lo desconocido. Eva y Adán siguen su naturaleza y por más que Dios trate de impedirlo, ellos, por su cuenta (aunque siguiendo el consejo de la serpiente) rompen el tabú. Con ello, salen de su enajenamiento y comienzan su desarrollo y su autonomía. La mujer y el hombre comen, voluntariamente, para experimentar por sí mismos la realidad, sin intermediaciones.
Pero con esto, nos dice cierta tradición, los primeros padres atrajeron la muerte al mundo. Discutible. La muerte ya era parte del hombre. ¿Dónde, en el pasaje bíblico, se hace referencia a la inmortalidad de Adán y Eva? ¿No está Adán hecho de lodo, sustancia corruptible? Dios sopló en su nariz aliento de vida, es decir, capacidad divina, pero lo condenó a un cuerpo perecedero. Si hubiese sido Adán inmortal, ¿para qué sembraría Dios el otro árbol: el de la vida eterna?
Luego de haber probado el fruto del primer árbol, Dios expulsa A Eva y Adán del jardín, “no sea que coma también del árbol de la vida y, comiendo, viva eternamente”, pues de hacerlo tendría ambas naturalezas de Dios: conciencia y eternidad. Así, pues, el ser humano a través de los tiempos ha anhelado la inmortalidad, pero no como algo que tuvo y perdió, sino como cualidad de la que carece y cree necesitar para su total perfección. En mi caso, no lloro por un don que nunca tuvimos.
Y finalmente, si toda criatura pertenece a Dios, ¿por qué no pensar que la serpiente, al igual que el acusador del libro de Job, solo servían a un propósito divino, en el caso del reptil, el de sembrar la duda, madre de la razón; el de estimular el apetito del ser humano, como de niños nos estimula todo lo que nos rodea para que, aprehendiéndolo, nos desarrollemos? Para bien o para mal no comimos del fruto de la inmortalidad. Pero considero que ahí justamente el Génesis nos señala cuál es la única limitante del ser humano para su perfeccionamiento: nuestra mortal condición. Siempre ha sido así, desde el inicio. De no serlo, para qué Dios habría de poner un árbol que vuelve inmortales a quienes comen de su fruto. ¿Un árbol que no servía para nada pues ya éramos inmortales?
Si alguien se atreviera a decir que, en efecto, ya éramos inmortales y el árbol era un accesorio, yo refutaría, jineteando sobre su tesis, que el árbol de la ciencia también era accesorio, pues era claro que Eva ya estaba razonando cuando supo cuestionar la primera tergiversación que la serpiente le dio acerca de la prohibición divina. Ya estaba razonando, entonces, ¿cuál era su pecado si ya hacía uso de un don natural? No hay razón para condenar a Eva y Adán aún hoy en día. Ya los hemos condenado por siglos. Es hora de entender que su pecado no fue comer, es decir, acceder a la ciencia, sino, romper una ley absurda. Es decir, su “pecado” fue hacer lo mismo que hemos hecho los humanos en aras de nuestro perfeccionamiento: cuestionar aquello que no funciona e instaurar nuevas visiones.
jueves, 13 de mayo de 2010
Nueva visión de la lengua

Más allá de hacer un informe del acto (el cual ya ha sido cubierto por varios medios de comunicación, además de que hace ya ha pasado casi un mes de aquello), quiero resaltar algunos aspectos que son llamativos y valiosos para comprender la visión de esta nueva gramática y de la Real Academia Española en general.
Empecemos porque el título de “nuevo” es irónico, pues la “nueva” gramática es la gramática de hace muchos años; pero es evidente que tal cosa suceda pues los estudios lingüísticos no pueden ir más allá de la propia lengua, es decir, no prevén, sino que su ideal es ir de la mano con el uso que los usuarios hacen de ella. En ese caso, pareciera absurdo querer fijar la lengua en un texto pues la lengua es algo vivo, que se mueve, crece, viaja, evoluciona, se reactiva, regenera, gana, pierde, en fin, algo adaptable constantemente, lleno de matices según la región, el momento, el contexto social y otros muchos factores que los lingüistas bien conocen. Entonces, ¿para qué fijar un texto de algo que no se deja fijar? Bueno, responde a la necesidad del ser humano de poseer referentes escritos (recordemos que nuestra cultura está sujeta a la letra, tal y como lo criticara Sócrates, quien tampoco pudo escapar de ello gracias a sus discípulos), referentes que dejen un registro más estable que el oral que, como ya se mencionó, es volátil, efímero.
Pero allende este hecho que difícilmente va a cambiar (pues aún no tenemos una razón justificable para volver a privilegiar el registro oral vivo en contraposición con el escrito estático), la Real Academia ha dado muestras (quizás tardías) de evolución ideológica. Tal y como don Ignacio Bosque tanto anunció en nuestros medios de comunicación, en este caso, no fue la academia española quien fijó el rumbo que debía llevar esta gramática, no fue desde España que se dictó lo correcto y su contraparte, lo normativo y lo informal. No. Hace siglos que no es en Europa donde está la mayoría de hablantes del español. Entonces, ¿por qué seguir imponiendo un uso desde la minoría hacia la mayoría? Por fin la realidad fue la norma. Finalmente es el hablante quien define la lengua (siempre ha sido así, pero hasta ahora los académicos de toga, tan aislados de la realidad por tener pegados a las narices sus centenares de dictados y legislaciones se dieron cuenta de ello). Casi 80 años después se reivindica América Latina como terreno de un español más vivo y afín con los tiempos, pues, tal como lo explicó Bosque, el objetivo primordial de este trabajo es “representarnos a todos”. He ahí por qué se empezó por buscar las semejanzas con los usos de cada región y luego ir describiendo las diferencias, aquello que matiza y enriquece nuestra lengua.

Es así entonces, que el mismo Bosque ha reiterado que esta gramática no tiene ya un tono demasiado impositivo. No dice: “Nunca jamás se debe decir…”, “El vulgo iletrado suele decir…”, “Lo correcto es…”; sino que, si bien sigue teniendo un carácter normativo en cierta manera, este es más moderado, o mejor dicho, positivo. Por ejemplo: “Se recomienda…”, “No se aconseja…“. ¿Por qué? Bueno, porque no hay un único modo de usar el español. Existen tantos como situaciones hay en la vida. En la vida. Así pues, es que, dependiendo de nuestro contexto, cambiaremos nuestros modos dependiendo de la situación, con el fin de adaptarnos a ella (como que siempre respondemos a un afán gregario). Bosque asegura que han recibido críticas por ello, porque aún existen sujetos que, en efecto, están sujetos, no a la lengua real, sino al dictamen de otros más iluminados, de otros que “sí saben hablar español”. Eso explica por qué en esta nueva gramática no se han privilegiado las ejemplificaciones provenientes de la literatura, sobre todo de la poesía. Bosque explica: “La poesía no es la más adecuada para representar la estructura del español pues los poetas tienen una voluntad de estilo que se impone”. De ahí que se tomen ejemplos de textos científicos, literarios, periodísticos principalmente (pues estos son los que más hablan de la realidad)
Finalmente, sí hay un detalle que no es tan afín a todos: el precio. La Nueva gramática de la lengua española duele a un bolsillo no demasiado abundante. Es una lástima que una obra de estas no tenga un costo más accesible a la mayoría. Esto se remedia de alguna manera con otras dos ediciones reducidas que saldrán durante este año con un costo factible. Está en proceso también la otra mitad referente a fonética y fonología (otra ironía, querer decir, a través de letras impresas, cómo se proyectan los fonemas –fonos: referente al sonido–; pero también en esto la academia ha sorprendido: incluirán un DVD con ejemplos en video).
Me excedí demasiado en este tema. Cierro con un aspecto ligado aunque no directamente. Don Ignacio Bosque finalizó su conferencia llamando a este trabajo: “La más grande responsabilidad de mi vida”. Eso me cautivó. Entregar todo el fruto de una vida en una obra de tal magnitud es algo con lo que uno puede sentirse muy satisfecho. Poder visualizar ahí todas las horas de estudio, de discusiones, de dudas, de búsqueda, en un texto que será de utilidad para los casi 500 millones de hablantes del español, debe de ser algo impresionante. Ver condensado todo ello y mucho más (pues no es el esfuerzo de un hombre solo, sino el logro de haber puesto de acuerdo a tantas academias) es un ejemplo de unidad del que carecen, por ejemplo, las academias francófonas. Hay que sentirse, a través de esta obra, orgullosos de esta nuestra lengua.
viernes, 30 de abril de 2010
La universidad de la vida
martes, 20 de abril de 2010
A mi ídolo
A mi ídolo
Empecemos recordando que he sido yo quien te ha creado. Lástima que no lo tengás claro. Lástima también que yo no tenga el valor suficiente para recordártelo como se debe; esto porque no me atrevo, no consigo acercarme a vos y reclamarte con justicia el deber que tenés para conmigo: el deber de volver a verme, de atenderme, de dirigir hacia mí tu mirada y bendecirme con tu benevolencia; porque fui yo quien te dio tus poderes, quien te elevó a tu trono, quien inclinó su cabeza para darte tal posición de privilegio. Y ahora me humillás con tu ignorancia. Ni siquiera sabés mi nombre, mis urgencias, la necesidad que tengo de decirte lo bello que sos, lo feliz que me hace verte rodeado de gloria; no es justo que no me permitás decírtelo y que mi voz se tenga que confundir entre la de cientos de adoradores de vos. No te estoy pidiendo que me dejés acercarme a vos, puesto que al crearte también acepté la triste condición de mantenerme lejos; no tendría sentido alguno poder permanecer en tu presencia largo tiempo porque sin duda alguna moriría la magia de adorarte, pues pasarías a ser uno más, como cualquier allegado a mí; pero no, el sentido de esto es que estés arriba, bien arriba, donde yo jamás pueda soñar con llegar, yo aquí llorando, sufriendo por la imposibilidad de ser uno de lo tuyos. No te estoy pidiendo, repito, que me permitás gozar de tu presencia largo tiempo; solamente te pido que… ¿qué te estoy pidiendo? No lo sé. Nada de esto tiene sentido. No tengo siquiera el derecho de pedirte nada… Pero si yo te creé… ¿o vos me creaste a mí?... ¿O yo me creé como adorador y por tanto te creé a vos como deidad?... ¿O ni yo creé nada ni vos tampoco?... Quizás alguien nos creó y nos colocó en estas posiciones… alguien que no vemos o que nos negamos a reconocer…
Como sea, bendito vos allá, y por favor, seguí bendiciéndome con tu ignorancia e indiferencia.
