
Más allá de hacer un informe del acto (el cual ya ha sido cubierto por varios medios de comunicación, además de que hace ya ha pasado casi un mes de aquello), quiero resaltar algunos aspectos que son llamativos y valiosos para comprender la visión de esta nueva gramática y de la Real Academia Española en general.
Empecemos porque el título de “nuevo” es irónico, pues la “nueva” gramática es la gramática de hace muchos años; pero es evidente que tal cosa suceda pues los estudios lingüísticos no pueden ir más allá de la propia lengua, es decir, no prevén, sino que su ideal es ir de la mano con el uso que los usuarios hacen de ella. En ese caso, pareciera absurdo querer fijar la lengua en un texto pues la lengua es algo vivo, que se mueve, crece, viaja, evoluciona, se reactiva, regenera, gana, pierde, en fin, algo adaptable constantemente, lleno de matices según la región, el momento, el contexto social y otros muchos factores que los lingüistas bien conocen. Entonces, ¿para qué fijar un texto de algo que no se deja fijar? Bueno, responde a la necesidad del ser humano de poseer referentes escritos (recordemos que nuestra cultura está sujeta a la letra, tal y como lo criticara Sócrates, quien tampoco pudo escapar de ello gracias a sus discípulos), referentes que dejen un registro más estable que el oral que, como ya se mencionó, es volátil, efímero.
Pero allende este hecho que difícilmente va a cambiar (pues aún no tenemos una razón justificable para volver a privilegiar el registro oral vivo en contraposición con el escrito estático), la Real Academia ha dado muestras (quizás tardías) de evolución ideológica. Tal y como don Ignacio Bosque tanto anunció en nuestros medios de comunicación, en este caso, no fue la academia española quien fijó el rumbo que debía llevar esta gramática, no fue desde España que se dictó lo correcto y su contraparte, lo normativo y lo informal. No. Hace siglos que no es en Europa donde está la mayoría de hablantes del español. Entonces, ¿por qué seguir imponiendo un uso desde la minoría hacia la mayoría? Por fin la realidad fue la norma. Finalmente es el hablante quien define la lengua (siempre ha sido así, pero hasta ahora los académicos de toga, tan aislados de la realidad por tener pegados a las narices sus centenares de dictados y legislaciones se dieron cuenta de ello). Casi 80 años después se reivindica América Latina como terreno de un español más vivo y afín con los tiempos, pues, tal como lo explicó Bosque, el objetivo primordial de este trabajo es “representarnos a todos”. He ahí por qué se empezó por buscar las semejanzas con los usos de cada región y luego ir describiendo las diferencias, aquello que matiza y enriquece nuestra lengua.

Es así entonces, que el mismo Bosque ha reiterado que esta gramática no tiene ya un tono demasiado impositivo. No dice: “Nunca jamás se debe decir…”, “El vulgo iletrado suele decir…”, “Lo correcto es…”; sino que, si bien sigue teniendo un carácter normativo en cierta manera, este es más moderado, o mejor dicho, positivo. Por ejemplo: “Se recomienda…”, “No se aconseja…“. ¿Por qué? Bueno, porque no hay un único modo de usar el español. Existen tantos como situaciones hay en la vida. En la vida. Así pues, es que, dependiendo de nuestro contexto, cambiaremos nuestros modos dependiendo de la situación, con el fin de adaptarnos a ella (como que siempre respondemos a un afán gregario). Bosque asegura que han recibido críticas por ello, porque aún existen sujetos que, en efecto, están sujetos, no a la lengua real, sino al dictamen de otros más iluminados, de otros que “sí saben hablar español”. Eso explica por qué en esta nueva gramática no se han privilegiado las ejemplificaciones provenientes de la literatura, sobre todo de la poesía. Bosque explica: “La poesía no es la más adecuada para representar la estructura del español pues los poetas tienen una voluntad de estilo que se impone”. De ahí que se tomen ejemplos de textos científicos, literarios, periodísticos principalmente (pues estos son los que más hablan de la realidad)
Finalmente, sí hay un detalle que no es tan afín a todos: el precio. La Nueva gramática de la lengua española duele a un bolsillo no demasiado abundante. Es una lástima que una obra de estas no tenga un costo más accesible a la mayoría. Esto se remedia de alguna manera con otras dos ediciones reducidas que saldrán durante este año con un costo factible. Está en proceso también la otra mitad referente a fonética y fonología (otra ironía, querer decir, a través de letras impresas, cómo se proyectan los fonemas –fonos: referente al sonido–; pero también en esto la academia ha sorprendido: incluirán un DVD con ejemplos en video).
Me excedí demasiado en este tema. Cierro con un aspecto ligado aunque no directamente. Don Ignacio Bosque finalizó su conferencia llamando a este trabajo: “La más grande responsabilidad de mi vida”. Eso me cautivó. Entregar todo el fruto de una vida en una obra de tal magnitud es algo con lo que uno puede sentirse muy satisfecho. Poder visualizar ahí todas las horas de estudio, de discusiones, de dudas, de búsqueda, en un texto que será de utilidad para los casi 500 millones de hablantes del español, debe de ser algo impresionante. Ver condensado todo ello y mucho más (pues no es el esfuerzo de un hombre solo, sino el logro de haber puesto de acuerdo a tantas academias) es un ejemplo de unidad del que carecen, por ejemplo, las academias francófonas. Hay que sentirse, a través de esta obra, orgullosos de esta nuestra lengua.
No hay comentarios:
Publicar un comentario