
Helo ahí. Y heme aquí. ¿Y qué hago yo?
Llevo minutos, largos minutos, observándole.
Ayer estaba ciego, cosa trágica pero remediable para quien encontraba en su carencia su sustento.
Pero hoy es también un cojo.
Sus ojos ya no sirven y ya no tiene piernas.
Y nuevamente se planta ahí a luchar. ¿Luchar por qué? ¿Por esa vida miserable? Y sí que lo es; él sabe que lo es. Ayer suplicaba a gritos por una limosna y hoy solo permanece callado, con la mano semiabierta, esperando los cincos que le permitirán continuar con su existencia.
¿Por qué esa su insistencia en vivir? ¿Vale la pena esa clase de vida más semejante a la muerte? ¿Es él quien elige vivir? ¿O son otros, debido a su inmovilidad, quienes lo traen y viven a costa de él? ¿Otros, quienes lo mantienen apenas respirando para que suscite a la compasión y ser ellos quienes vivan? De ser así, ¿cómo podría, de quererlo, renunciar este ¿hombre? a eso? ¿De dónde sacará fuerzas de su medio cuerpo para eliminarse?
Quizás por la ley del mínimo esfuerzo.
Quizás.
Pero, ¿qué hay de mí? ¿Qué me ata a él? ¿Por qué desperdicio mi tiempo tan vital, tan ocupado, tan valioso, en mirar esa cosa que aún no sé por qué llamo hombre?
¿Y qué son estas líneas? ¿Por qué estas líneas? ¿Qué pretendo conseguir con ellas?
No lo sé. No sé por qué le tengo tanta dedicación a este sujeto (y a él más que nadie le calza lo de “sujeto”, pues está atado a su obstinación). No sé ni qué es esto que he pensado y luego escrito. No es un trabajo periodístico, ni un relato, pues aquí no hay historia alguna. Es a lo mejor una contemplación; algo así como los apuntes de la impresión que deja el mirar una obra artística. Y ciertamente eso contemplo yo, solo que es una obra maltrecha, pero no destruida, como la ruina viviente de algo que pudo ser glorioso. Y me pregunto quién habrá sido su escultor. ¿Dios, ese hombre o yo mismo? ¿O los tres?
Quiero hacer la aclaración (innecesaria para quienes bien me conocen) de que la presente entrada tiene un carácter literario (o eso pretende, por lo menos).
ResponderEliminarHago el comentario para evidenciar un distanciamiento entre el yo literario (o poético, si se quiere) y mi yo real. Esto con el fin de no ser juzgado de forma personal por el contenido de la reflexión, pues si bien todas las reflexiones nacen de inquietudes morales o éticas personales, no así las respuestas sugeridas.
Aunque sé que para espíritus despiertos esta aclaración es totalmente innecesaria.