jueves, 2 de septiembre de 2010

El Regreso: película de dudas



Hace un par de meses tuve la oportunidad de descubrir una película rusa (primera película de este país que veía, lo cual evidencia mi pésima formación en cine). Quien la trajo a mi casa fue mi amigo Baruc, simpatizante de los géneros literario y cinematográfico que posean un afán realista (irónicamente también tiene inclinaciones borgianas, quien descreía del realismo).
En fin: fue una grata sorpresa.
Su título es corto y no dice gran cosa. Es de hecho extraño que se llame El Regreso (2003, Andrey Zvyagintsev). Lo primero que se pregunta uno es: ¿Regreso de qué? Regreso del padre es lo primero que pareciera decirnos la trama. Sí, un padre que regresa luego de bastantes años desaparecido, a quien sus hijos no reconocen más que por una vieja fotografía y que intenta llenar el tiempo perdido, invitándolos a irse de pesca el fin de semana.





La intriga es el tono dominante de la película. Constantemente nos preguntamos “¿qué es la vara con este tipo?, ¿qué quiere con los carajillos?, ¿por qué es tan frío e hijuepueta? ¿Y la mamá, no piensa decir nada? ¿Por qué tan sometida? ¿Quién tomó la iniciativa de que volviera el tata? ¿Por qué volvió el sujeto ese, si además es un miserable de primera?"




Pero lo que quiero rescatar aun más es el final (lo más polémico). Algunos no simpatizan con un final que no resuelve todas las preguntas anteriormente expuestas, además de las otras que van surgiendo ("¿Por qué conoce el padre tan bien esa isla? ¿Por qué no come pescado? ¿Dónde estuvo todos esos años? ¿Qué contiene la caja?"). Es casi inevitable no sentir una frustración al ver los créditos finales con tanta incógnita. Y eso, en lo personal, es lo que más me gustó. ¿Por qué? Bueno, porque seguiré preguntándomelo por siempre, y la película seguirá presente en mi mente. Si hubieran cerrado la historia ya todo estaría listo: el gran círculo donde todo responde a un sentido (nada menos realista que creer en la explicación total y en la premeditación de los sucesos).
En El Regreso la incógnita es la dominante (como en la vida misma). Tantas preguntas que se hace el espectador solo sirve para ponernos en la misma posición que los personajes (específicamente los hijos). No es justo que sepamos más que ellos. Ambos, ellos y nosotros, nos vamos enterando de a poquitos del asunto, pero luego descubrimos que de los otros no sabemos nunca nada certero. Nunca descubrimos las intenciones del padre (al final sospechamos que debieron ser buenas, por la preocupación de que su hijo suba a la torre; pero solo lo sospechamos, no podemos asegurarlo, pues no nos da tiempo de confirmarlo. Esta lección es la más aterradora: no confiés en el tiempo, porque este se te puede acabar sin que hayás cumplido tus propósitos. Lo que has de hacer hazlo pronto.). Es más, somos privilegiados por saber un poquito más que los protagonistas (nos enteramos de la caja enterrada, cosa que los chicos nunca supieron), pero eso no nos resuelve nada.
Como metáfora de la vida (o en vez de metáfora, como alusión casi directa a ella) El Regreso nos muestra que nunca podremos saberlo todo, que la vida deja muchas preguntas al aire y que es con esas dudas que tendremos que tomar las decisiones más difíciles de nuestra vida.




Nos enseña también que una relación no se puede construir de la noche a la mañana. Nos dice que ser padre, por ejemplo, requiere tiempo, cercanía, sinceridad; que debemos cuestionarnos nuestros modelos tradicionales de (de)formación. Es irónico que la última vista que tienen del padre es la misma que tuvieron de primero: un bulto humano inmóvil, echado, extraño, a quien difícilmente alguien podría identificar o reconocer como padre. El padre se aleja y se hunde; toda esperanza de cercanía es sumergida en las aguas del olvido. El padre se hunde con sus secretos, con sus intenciones, con su caja misteriosa (mi profesor Andrés Mora ha llegado a sospechar que las fotos finales en las que se ve a los chicos de bebés con su padre, son el contenido de la caja).




El regreso no es el regreso del padre al hogar; es el regreso de los hijos a la vida, ya transformados en hombres por su propia cuenta. Es el regreso del padre al olvido y de ellos a la realidad.

Por otra parte hay que destacar que la película tiene un tratamiento sobrio. A pesar de que está hecha con cinco pesos (o más bien, precisamente por eso) busca la perfección en las imágenes (claro, si el recurso es poco hay que usarlo bien). El ambiente es frío (los colores tienen una dominancia gris y azulada), los planos largos, quietos. Resalto lo de la frialdad de los planos, del tono cromático y de los diálogos, porque responden muy bien al carácter del padre.
Las actuaciones están muy bien logradas, sobre todo las del hijo menor.
En fin, si la han visto, me gustaría saber sus comentarios sobre la cinta en general, pero sobre todo por ese carácter intrigante del papá y de la película misma. ¿Tendrá algún sentido en sí esas respuestas sin resolver o, siendo quizás consecuentes con un realismo que no cree en sentidos finales, todo es así porque sí?
Si no la conocían o no le habían puesto atención, pídanla en su video; he preguntado en varios y sí la tienen. Es un caso extraño de película que está ahí pero nadie la conoce.
Por cierto, ¿me recomiendan alguna para el fin de semana?

2 comentarios:

  1. Y mae, esta peli la vi hace como cuatro años y todavía de vez en cuando me atormenta el recuerdo.
    Tantas incógnitas, si resolver pero principalmente esa atmósfera tan pesada ese ritmo tan lento y tan desesperante donde como en ciertas circunstancias de la vida, parece que va a pasar de todo en cualquier momento y no pasa ni caca hasta que pasa lo más inesperado.
    Excelente película.

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  2. Esta película es quizás la que sintetiza mejor esa particularidad del cine ruso, que dice tanto por medio de las imágenes, y que se entiende más precisamente por lo que no se dice, lo cual no es nada fácil.

    Me gusta también como es una especie de juego entre el protaginista y el antagonista, como pasa de ser el padre quien pone las reglas en un principio, al hijo menor, para luego pasar al primogénito que es quién al fin trata de enmendar las cosas.

    En fin, una gran película de esas que hablan por medio de los silencios, si le cuadró hay algunos otros ejemplos, como "Lost in Translation" o "Perdidos en Tokio" creo que le pusieron en español y, sobre todo, "Whisky" la gran película uruguaya, que no son difíciles de encontrar.

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